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martes, 18 de enero de 2011

La Peste Negra.



Estaba en el lavadero del pueblo hablando con las demás mujeres cuando me enteré que la sobrina de mi vecina padecía esa enfermedad en la que te vas pudriendo poco a poco, la peste negra. Cuando llegué a casa les conté lo sucedido a mis hijos, al llegar mi marido a casa después de un día muy ajetreado le conté lo que había llegado a mis oídos y decidió que a la mañana nos marcharíamos a una pequeña casa que tenía en las tierras en las que trabajaba. Y así fue que nos marchamos. Cuando llegamos mi hija pequeña, María, empezó a sentirse mal y le divisé unos pequeños bultos en el cuello… maldita enfermedad ya nos había alcanzado había sido demasiado tarde. Rápidamente mis tres hijos fueron a buscar al curandero del pueblo mientras que mis dos hijas y yo nos quedamos cuidando a María, que cada vez se encontraba peor ¡Pobrecita mi niña! Esa noche no pegué ojo, cuando ya había amanecido Roberto el pequeño de los chicos, empezó a sentir los síntomas. Así fuimos enfermando todos poco a poco menos el mayor de ellos, Raúl, que le obligamos a que se marchara para que no enfermara. La primera en fallecer fue María y así progresivamente hasta no quedar nada más que el pequeño Roberto y yo. Me sorprende su gran lucha con esta maldita enfermedad.
Redacción de MPGM de 2ºE.

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