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viernes, 8 de octubre de 2021

El Tesoro de Guarrazar.



En el Museo Arqueológico Nacional podéis disfrutar de las más fastuosas joyas visigodas, el Tesoro de Guarrazar. Está formado por varias coronas votivas (que se entregaron como ofrenda) y objetos litúrgicos (utilizados para el culto en las iglesias).

Lo que puede que no conozcáis es la pintoresca historia de su descubrimiento y la desgracia de haber perdido una parte importante del mismo por la ignorancia y la ambición excesiva.

Guadamur es un pueblo muy cercano a Toledo. En su término municipal existe una paraje denominado Guarrazar en el que se conservaban restos de un cementerio visigodo. Nadie pensaba que el lugar fuese especial, ni que escondiese los restos más importantes de la orfebrería visigoda. Se puede deducir que durante la invasión visigoda se reunieron las principales donaciones y tesoros de las iglesias toledanas para esconderlos y evitar su robo, eligiendo una pequeña iglesia con un cementerio que con el paso de los siglos se derrumbó y desapareció.

Un día de 1858, el matrimonio de Guadamur formado por María Pérez y por Francisco Morales volvían de Toledo durante unaas fuertes lluvias. Su hija se desvió del camino para hacer sus necesidades y se ocultó tras unas piedras, notando que las lluvias habían arrastrado mucha tierra y habían dejado a la vista un escondrijo de joyas. Cargaron las que pudieron en su burro y esa misma noche, fueron a por todas las demás, para esconderlas en su casa. Aunque intentaron ser discretos para que nadie les descubriese, Domingo de la Cruz, un hortelano cercano les vio e, intrigado , decidió inspeccionar el lugar. ¡Descubriendo un nuevo escondrijo con más coronas, cruces, joyas y objetos de un lujo inimaginable! Como sus paisanos, recogió todo lo que encontró y lo guardó en su casa.

¿Qué hicieron los descubridores? Fueron destruyendo las piezas, para poder venderlas poco a poco y no tener que dar tantas explicaciones acerca de su procedencia y conservación, por lo que una parte importante del tesoro se perdió irremisiblemente.

¿Creéis que las aventuras del tesoro acaban aquí? Pues no es así. Los primeros en intuir que había habido un gran descubrimiento fueron un profesor de francés y un diamantista que, extrañados de la presencia de gemas talladas con técnicas muy antiguas y de restos de joyas de enorme riqueza empezaron a investigar sobre su origen. Consiguieron dar con María y Francisco, comprarles todo lo que les quedaba y reconstruir alguna corona más con los pedazos recuperados en distintas joyerías de Toledo... ¡Pero no dijeron nada al gobierno español y se lo vendieron a Francia! De esta manera salieron las piezas del país, y las autoridades se enteraron por la prensa de la adquisición francesa.


En 1860, Domingo Cruz advierte que puede obtener de su botín más que el precio del oro y las piedras preciosas que lo componen, y ofrece una de las piezas a la reina Isabel II, que le recibió y se enteró que tenía más joyas escondidas en su casa. Cuando las autoridades le compraron todo lo que le quedaba y además le premiaron con una importante pensión por haberlas entregado al Estado, Domingo no pudo menos que lamentar haber destruido ya alguna de las piezas, como los cinturones de oro o una maravillosa paloma áurea cuajada de piedras preciosas.
Las coronas que permanecían en España se guardaban en la Armería del Palacio Real, y fue allí de donde robaron una de ellas en 1921. Era la corona ofrecida por el rey Suintila, y aunque se atrapó a los supuestos ladrones, la pieza no apareció y su paradero sigue siendo un misterio.

Frente a esta pérdida, en 1941 se consiguió recuperar parte de la colección que estaba en Francia, gracias a las mismas negociaciones que nos trajeron de vuelta a la maravillosa Dama de Elche y otras piezas arqueológicas y artísticas que España llevaba décadas reclamando a Francia. Todo esto fue posible porque en este momento (la II Guerra Mundial) Francia se encontraba en un momento de gran debilidad: parte de su territorio estaba ocupado por los alemanes y el gobierno que se estableció en la parte libre tenía muy buenas relaciones con la dictadura de Francisco Franco.

¿No es triste que hayamos perdido una parte muy importante de estos objetos por la ignorancia y la avaricia?

En la actualidad cualquier pieza arqueológica encontrada fortuitamente debe ser entregada a la Guardia Civil, el museo arqueológico regional, ayuntamientos, etc, no hacerlo es un delito. También es delito sacar del país estas piezas para venderlas a museos o particulares. ¿Por qué? Los dueños de esas piezas murieron hace mucho tiempo, no pertenecen a quien las encuentra o a quien es propietario de los terrenos donde a aparecen, son de todos los españoles. Y porque son de todos los españoles deben ser conservados con las medidas adecuadas y, si se trata de piezas de gran valor histórico-artístico, expuestas en museos para que todo el que quiera disfrutar de ellas pueda hacerlo sin dañarlas.

No olvidemos que de estos objetos (y sobre todo del lugar, posición, y circunstancias en las que se encuentran) podemos extraer información acerca de cómo vivían, qué pensaban y cómo actuaban nuestros predecesores. El expolio arqueológico impide a los arqueólogos e historiadores acceder a esa información e impide que conozcamos mejor cómo eran las culturas que nos han precedido.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Grandes personajes: Wamba.




Vimos en la entrada sobre los godos cuando hablamos de las invasiones bárbaras y la debilidad del Imperio Romano la lista de reyes visigodos que nuestros abuelos debían aprender en el colegio.

A la hora de escoger uno de ellos para hablaros de su vida dudé entre Recaredo (que se convirtió al catolicismo), Recesvinto (porque suya es la corona más impresionante del tesoro de Guarrazar), don Rodrigo(que luchaba por el trono cuando llegaron los musulmanes a la Península)... pero he terminado decidiéndome por Wamba (rey entre el 672 y el 680).

No conocemos demasiado sobre su origen, algunos de los relatos que sobre él no llegan antes de su acceso al trono parecen más leyendas que sucesos reales. Unos dicen que era un campesino al que ofrecieron la corona tras la muerte del rey Recesvinto, puesto que había una profecía que indicaba que encontrarían al rey comiendo en una mesa de hierro y se cruzaron con él los nobles mientras comía apoyado en su arado de hierro tras trabajar sus campos.

Otros dicen que era un noble y que puede que estuviera emparentado con Recesvinto.
Lo que sí parece cierto es que en un primer momento Wamba no quiso la corona por su avanzada edad, ya el cargo requería ser enérgico y estaba expuesto a las conjuras de una corte que no dudaba en intentar asesinar a sus monarcas para ocupar su puesto. Pero los nobles le obligaron a ello y su elección se demostró muy acertada. Wamba resultó ser un buen monarca y un militar muy capaz que dedicó su reinado a sofocar revueltas y someter levantamientos de nobles.

También reformó el ejército y la Iglesia, controlando los privilegios de nobleza y jerarquía eclesiástica. Por ello es considerado el último gran rey visigodo, tras el que llegó la decadencia.

¿Cómo abandonó el poder? ¿Murió de manera natural? ¿Le asesinaron como era tan común entre las cortes germánicas? La historia del fin del reinado de Wamba es una de las más curiosas de la historia de nuestra Península.

En vez de asesinarle con veneno o armas, los nobles que querían recuperar el poder que Wamba les había quitado se conjuraron para deponerlo, e idearon un peculiar pero muy efectivo plan. El Liber Iudiciorum era la recopilación legal por la que se regían los visigodos, y en él se establecía que los monjes no podían reinar. Así que vertieron un narcótico en la bebida del rey y éste cayó en un profundo estado de inconsciencia que la corte interpretó como el coma que precedía a la muerte. Rápidamente sus sacerdotes se dedicaron a tonsurarle (afeitar la parte de la coronilla como era común en los frailes) y vestirle con un hábito de religioso, para que junto con la extrema unción el rey pudiera ir al Paraíso tras su muerte.

Esta tonsura y hábito lo convertían en fraile, lo que impidió que siguiera en el trono cuando despertó de su sueño y le obligó a retirarse a un convento hasta su muerte mientras el noble Ervigio, cabeza de la conjura, conseguía el poder.



martes, 28 de septiembre de 2021

Los godos (bonus: los reyes godos).



Los godos, pueblo germánico de la frontera del río Danubio, fueron conocidos por los romanos desde el siglo I d.C. Presionados por los desplazamientos de los hunos desde el Asia Central hacia occidente, los godos se dirigieron hacia Europa Occidental atravesando el Danubio para escapar de las hordas que se avecinaban. Tras tomar parte en la caída de Roma, rivalizaron con otros pueblos bárbaros durante principios de la Edad Media por los restos del Imperio Romano de Occidente.



Por cuanto sabemos, los godos procedían de la isla de Gotland, en el Mar Báltico, y se dividieron en dos grupos al emigrar al sur a través de Europa Central. Los visigodos, o godos del oeste, se asentaron durante el siglo II en la actual Rumanía. Los ostrogodos, o godos del este, se asentaron en la costa noroeste del Mar Negro. En el 376 d.C., los visigodos fueron expulsados de sus territorios y se desplazaron hacia el sur atravesando el Danubio. Su fuerza se estimaba en 60.000 entre hombres, mujeres y niños. Tras derrotar a un ejército romano de Constantinopla, se asentaron al sur del Danubio durante un breve periodo para después dirigirse hacia Italia. Saquearon Roma en el año 410 bajo las órdenes del rey Alarico, marchando después hacia el norte, concretamente hacia la Galia. Los romanos les cedieron el sudoeste de la Galia. Desde allí, y con el tiempo, extendieron su dominio a todo lo que es actualmente España y Portugal.

Los ostrogodos se libraron del dominio huno y, a finales del siglo V, siguieron a sus congéneres, los visigodos, hasta Italia. El emperador de oriente, que quería deponer al virrey bárbaro reinante, los animó a llevar a cabo la invasión. Los godos entraron en Italia en el 448 bajo las órdenes de Teodorico, que ya era rey de los actuales territorios de Suiza y los Balcanes, completando su conquista en el 493.



Y, como curiosidad, ¿sabéis que hace años en las escuelas los niños debían aprenderse la lista de todos los reyes visigodos? Preguntad si queréis a vuestros abuelos por la lista de los reyes godos.

El reino tolosano
Ataúlfo (410-415).
Sigérico (415).
Walia (415-418).
Teodorico I (418-451).
Turismundo (451-453).
Teodorico II (453-466).
Alarico II (484-507).
El reino visigodo-católicoRecaredo (586-601).
Liuva II (601-603).
Witérico (603-610).
Gundemaro (610-612).
Sisebuto (612-621).
Recaredo II (621).
Suínthila (621-631).
Sisenando (631-636).
Chintila (636-639).
Tulga (639-642).
Chindasvinto, rey único (642-649).
Chindasvinto y Recesvinto (649-653).
Recesvinto, rey único (653-672).
Wamba (672-680).
Ervigio (680-687).
Egica, rey único (687-698/700).
Egica y Witiza (698/700-702).
Witiza, rey único (702-710).
Rodrigo (710-711).
El reino arriano español
Gesaleico (507-510).
Amalarico, bajo la regencia de Teodorico (510-526).
Amalarico, rey independiente (526-534).
Theudis (534-548).
Theudiselo (548-549).
Agila (549-555).
Atanagildo (555-567).
Liuva I (56 7-568).
Liuva I y Leovigildo (568-571/72).
Leovigildo (571/72-586).

¿Qué os parece?

A pesar de todo, incluso se pueden hacer bromas con ellos



jueves, 28 de abril de 2016

Los visigodos de Alarico saquean Roma.

Las tropas de Alarico saquean Roma. Fuente imagen.

El 24 de agosto de 410 se produjo el fin del mundo. Roma había sido asaltada y saqueada por un ejército bárbaro, el de los los visigodos, comandado por Alarico. San Jerónimo anotaba en una de sus epístolas: “Mi voz se ahoga en la garganta; y, mientras dicto, los sollozos cubren mis palabras. La Ciudad que conquistó el mundo ha sido a su vez tomada”. Ochocientos años habían pasado desde que la urbe hubiera sufrido un asalto similar, y nada fue igual desde entonces en el Imperio Romano.